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domingo, 19 de octubre de 2014

Avalancha y adiós

¿Por dónde se empieza a escribir lo que se dejó a la memoria en tiempos que cada día fue una avalancha?  Ahora no logro sacar palabras de mis notas apresuradas de papel. No logro armar la historia coherente que quisiera. No tengo cómo describir en una entrada de blog lo que significaron para mí los últimos diez días de septiembre y los primeros días de octubre. Voy sin embargo a enumerar los hechos.

El pasado septiembre terminé de escribir mi tesis de doctorado. Esta es la portada:


Y la dedicatoria:



La mayor parte de la tesis la escribí en el último año y medio. Dos de los capítulos ya están publicados (aquí y aquí, have fun...), pero el las últimas semanas de septiembre terminé el último capítulo, escribí la introducción y conclusiones generales y organicé el texto y figuras en un formato común. Debería haberlo hecho en mi escritorio, con ayuda de una pantalla extra y la calma del silencio. Pero no, entre mi desorganización y un par de atrasos fortuitos terminé haciendo todo eso con laptop en las piernas mientras Marta nos manejaba al otro lado de la isla, o en los recesos de la conferencia-festival a la que asistí del 22 al 27 de septiembre:


El evento fue algo que no logro definir del todo. Una especie de conferencia de divulgación de la ciencia y espectáculo de talentos que a veces hizo palpitar mi ánimo ante la objetividad y belleza de la ciencia y a veces me pareció un circo ridículo en el que científicos son adorados por el público con la misma sinrazón que estrellas de pop enloquecen masas de adolescentes. Pero tal es la condición humana e imagino no puedo lanzar la primera piedra.

Las conferencias magistrales las dieron físicos, biólogos, astronautas, químicos, músicos y sus combinaciones. Katherina Harvati dio una excelente plática sobre los neardentales, la otra especie de Homo con la que caminamos hace no tanto. Richard Dawkins me desilusionó con una plática poco entusiasta y demasiado básica sobre cómo podría ser la vida en otros planetas. Charlie Duke habló de su experiencia como astronauta del Apolo 16 y luego volcó su discurso a hablar del cristianismo y porqué deberíamos convertirnos (?). Harold Kroto encendió nuestro ánimo científico con una charla que oscilaba entre la química pura y un llamado a la libertad como fuente de la creatividad científica. John Ellis habló del LHC, de la física de partículas y el bosón de Higgs con elocuencia y simpatía bárbaras. Stephen Hawking rebasó mis altas expectativas con dos pláticas fabulosas sobre el tiempo, el origen del universo y los agujeros negros. Mark Boslough hablo de meteoritos y cómo podríamos (deberíamos) defender a la Tierra. Después, en el corredor, me dejó tener en mi mano un meteorito, y más impactante aún, un pedazo de arena fundida por el impacto de un meteorito en el desierto de Egipto hace 29 millones de años: