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jueves, 2 de septiembre de 2021

Polluela de pinzón mexicana III: vuela vuela

Cuando la recogimos y pusimos en su jaula dorada, la polluela de pinzón mexicana no hacía mucho más que sentarse con cara de mensa a esperar a que papá y mamá vinieran a alimentarla. Y chillar, claro, para llamarles. 

Ocho días después, aletea por toda la jaula y saca su cabeza entre los barrotes intentando salir. Siguen viniendo a alimentarla, pues los pinzones mexicanos (Haemorhous mexicanus) alimentan a sus pollos relativamente crecidos, cuando ya tienen su plumaje completo y pueden seguirlos volando.

Dejamos la puertita de la jaula abierta a una de las horas en que habitualmente vienen papá y mamá. Después de algunos minutos de buscar la salida por arriba, la polluela descubrió la puerta abierta y voló, como no podía hacerlo cuando la recogí en la banqueta.


Buena suerte pequeña dinosauria voladora. Chilla para que mamá y papá te encuentren, que seguro harán, si incluso entraban a nuestro baño siguiendo tu llamado.


La historia completa:

Polluela de pinzón mexicana 

Polluela de pinzón mexicana II: le dan de comer 

Polluela de pinzón mexicana III: vuela vuela

lunes, 30 de agosto de 2021

Polluela de pinzón mexicana II: le dan de comer

Han pasado 5 días desde que recogimos a una polluela de pinzón mexicana que abandonó demasiado pronto su nido. Su papá y mamá escucharon su llamado desde la ventana de nuestro baño donde primero pusimos su jaula dorada, y después desde el balconcito de la ventana donde se las acercamos. Vienen a darle de comer unas 5 veces al día. Es fácil saberlo por el pequeño escándalo. Incluso puedo verlo cuando me quedo en la habitación trabajando muy callada desde mi laptop.

Para compartirlo con ustedes seguimos una estrategia sencilla: Tableta. Laptop. Llamada de zoom. Comenzar a grabar. 



En el video se ven la hembra (la que le da de comer) y el macho (el que tiene plumaje rojo en la cabeza). Aunque en este video solo la hembra le da de comer, en realidad ambos lo hacen y en general crían a sus polluelos conjuntamente. Esto no ocurre en todas las especies de aves, pero sí en muchas. Lo cual nos hace pensar cuándo surgió este comportamiento evolutivamente hablando. Y por cuándo me refiero a cuándo muy para atrás, pues las aves son descendientes directos de un grupo de dinosarios que caminaban en dos patas, los celurosaurios. De hecho, las aves son el único grupo de dinosaurios que no se extinguió. Ahí están, vivitas y coleando con sus dedos que perfectamente recuerdan a las de un T-rex, que sobra decir pertenece al grupo de los celurosaurios. 

Archaeopteryx es un género de aves extinto que presenta caracteres intermedios entre lo que nos imaginamos al pensar dinosario y aves, es decir, algo así como un dinosaurio cubierto de plumas, como bien puede apreciarse aún en sus fósiles:

Archaeopteryx lithographica (Berlin specimen).jpg

Fuente: wikipedia

Pero Archaeopteryx  no fue el primer dinosaurio en tener plumas. De hecho, se han encontrado fósiles de T-rex bebé emplumados con ese plumón suavecito que también cubre a los polluelos hoy en día. Un bebé T-rex no era muy distinto de un guajolote bebé, solo que más grande que un guajolote adulto. Así que las plumas, característica innegable de las aves y que hoy sirven principalmente para volar, probablemente primero tuvieron otro uso y estaban presentes sólo (o  eran mucho más abundantes) en las crías. La evidencia fósil también nos muestra que varios grupos de dinosarios (los que evolucionaron en aves, pero también otros) ya tenían cuidado parental: no solo cuidaban a sus huevos, sino también llevaban alimento a sus crías tal como estos pinzones en mi ventana hoy en día alimentan a su polluela.

Ahí lo tienen, la evolución es la gran borrechera creativa que produce la biodiversidad, pero algunas cosas no cambian en millones y millones de años. Como el cuidado parental y los dedos de dinosaurios celurosaurios.

La historia completa:

Polluela de pinzón mexicana 

Polluela de pinzón mexicana II: le dan de comer 

Polluela de pinzón mexicana III: vuela vuela



miércoles, 25 de agosto de 2021

Polluela de pinzón mexicana

Pandemia. Día n de la nueva normalidad, que en mi caso es trabajo en casa. Salgo por algo a la tienda. En la banqueta escucho el trinar inconfundible de un polluelo, o polluela, pues a esa edad son indistinguibles, de un ave pequeña. La encuentro a los pocos pasos. Creo que es una polluela de pinzón mexicano (Haemorhous mexicanus). Demasiado joven aún para haber dejado el nido, pero lo suficientemente madura para sobrevivir la caída. Bueno, si sobrevivió tal vez no sea tan joven, me digo. Decido quitarla de la banqueta por la que transitamos tantas personas con nuestros perros. Aún tiene el plumón (ese peluche gris que cubre a los pájaros jóvenes) entre el que asuman algunas plumas adultas. Se ve bastante ridícula, a decir verdad. La dejo en la rama baja de un árbol. Creo escuchar el trinar adulto de su papá y mamá en lo alto. 

Cuando regreso está de nuevo en la banqueta, sin poder volar más de 10 cm del suelo. Ahora estoy segura de escuchar un llamado adulto desde el árbol. Selección natural.... le digo a mi conciencia. Y luego veo el pavimento, las paredes de mi edificio, el fresno ahogado en la banqueta que aún así nos regala un follaje espléndido. Pienso en el perro o el gato que se comerá a la polluela, o, más probable, en las ruedas del auto que le pasarán por encima. Es realmente increíble que tengamos aves en la ciudad, pensando en esto. Más al tratarse de una especie nativa, aunque común. 

Poli ¿tendrá usted una caja? ¡Vecino! ¿no tenías tu una jaula en tu azotea verde? Sí, esa. Préstamela por favor. Encontré un pajarito, mira, no te vayas, dame 2 minutos y lo traigo. 

La jaula es la imagen de una jaula dorada. La misma forma, el mismo columpio enmedio. Por supuesto dorada. El plan es cuidar a la pajarita hasta que sea lo suficientemente mayor para volar por si misma. Hago puré un par de semillas de avena y trato de dárselas en el pico. Aún me teme demasiado para abrirlo. Con el agua ligeramente endulzada tengo mejor suerte. 

Me tengo que ir, quedé de ir al laboratorio a recoger una placa para enviarla a secuenciar a una universidad gringa. Dejo la jaula en el baño, con la ventana abierta para que no se acalore demasiado. No he dejado el departamento y ya la escucho trinar y trinar como chillan (casi) todas las crías de los animales con cuidado parental. Cuando regreso, horas después, el botecito con agua azucarada que dejé fuera de la jaula está volteado. La polluela, sin embargo, sigue adentro de la jaula.

No hay mucho enigma que resolver. Los padres deben haber escuchado el trinar de su cría y entrado. Muevo la jaula a un pequeño balcón en la ventana y espero. Al poco rato confirmo la hipótesis. Es la madre la que viene al llamado. Le da de comer a través de los barrotes de la jaula. Bueno, eso soluciona la parte de la comida. En unos días más, si todo sale bien, podré soltarla.


La historia completa:

Polluela de pinzón mexicana 

Polluela de pinzón mexicana II: le dan de comer 

Polluela de pinzón mexicana III: vuela vuela