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viernes, 17 de abril de 2009

Tres enlaces relacionados y un insomnio

Después de escribir de corrido varias cuartillas de la tesis (que no quiero ni leer mañana) tengo un cansancio de esos que pesan en los ojos pero que no dejan descansar porque la lluvia de ideas sigue cayendo. Total que tras fracasar en mis inocentes intentos por dormir decidí actualizar este pobre blog, un poco con la culpa de las quejas de Lucía todavía frescas.

Como dije estoy en la divertida (de verdad, sin el sarcasmo) tarea de escribir la tesis. Por supuesto que tengo mis buenas dosis de frustración, pero una de las cosas que más me relaja es no tener que hacer la tediosa e inacabable tarea de organizar mi bibliografía: desde ubicar en mi atascado disco duro los artículos que necesito hasta revisar que cada cita en el texto tenga su contraparte con el formato impecable en la lista de referencias. No es que finalmente haya recurrido a un acto anárquico o que haya contratado un corrector de estilo como parte de los beneficios de la beca (aja) sino que utilizo una "herramienta informática" i.e. un programa que lo hace por mí, y mejor: ZOTERO.

Para los que estén familiarizados con los organizadores de bibliotecas digitales, Zotero es algo muy parecido a EndNote, con la diferencia de que es gratis y que tiene otras monerías extra. Aunque paresca increible, se trata de una extensión de Mozilla Firefox y un plug-in para Word o para OpenOffice que en resumen hace todo lo que uno puede necesitar para guardar, organizar y citar sus referencias, que van desde artículos en revistas científicas hasta videos en youtube. Mejor vean el video explicativo en la página y de paso descarguenlo que no se van a arrepentir:

http://www.zotero.org/

Evidentemente lo anterior fue un comercial descarado, con el pretexto de que no tiene fines de lucro y de que creo que de verdad puede servirnos. Por cierto, un agradecimiento público a Eleonor por pasarme el dato.

El motivo verdadero por el cual les platico esto es que mientras pensaba en lo mucho que me ahorro de tiempo y esfuerzo al usar Zotero, me mandaron una página (ahora las gracias van para Fish) y me encontré una noticia que me hicieron reflexionar. Aquí los enlaces:

  • http://learn.genetics.utah.edu/content/addiction/drugs/mouse.html
  • http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2009/01/26/sube-unam-al-lugar-44-del-ranking-mundial-de-universidades-en-la-web
El primero es una animación interactiva flash del Genetics Science Learning Center de la Universidad de Utah que explica de una manera clarísima cómo actuan las drogas a nivel molecular en el cerebro. No sólo los conceptos y procesos están muy bien definidos (y hasta cierto punto simplificados) sino que el manejo visual es grandioso, sin duda mejor que la misma información explicada con texto y figuras en un libro. No es por menospreciar a los libros, que yo considero y consideraré un elemento indispensable en la difusión y creación del conocimiento, pero lo que la enseñanza de la biología necesita es más herramientas así. Aprovechar la tecnología no es hacer una pseudopresentación de diapositivas en la computadora ¿Cuántas veces no nos dieron una clase con diapositivas llenas de texto crudo, o con imágenes que están más de adorno que de contenido?

Es en este sentido que abordo el segundo enlace. La UNAM es sin duda la mejor universidad de Iberoamérica y según la nota su sistema de páginas web es el 44 mejor del mundo. Suena como un buen número, pero creo que no hemos, ni de lejos, ocupado todo el potencial que la mentada era de la informática puede ofrecernos. Como científicos somos los primeros que tenemos que actualizarnos constantemente, aprender a usar nuevas herramientas y más aún: idear qué es lo que necesitamos y crearlo: desde animaciones hasta redes de trabajo y lo que la imaginación nos depare. Cuando pienso en el éxito de sitios como youtube, facebook y símiles me doy cuenta del enorme potencial desperdiciado que podría aplicarse a la ciencia, desde en la más reduccionista de las investigaciones al más interdisciplinario manejo de recursos naturales.

Discurso común: somos la generación que creció con la tecnología, en su mayoría la entendemos intuitivamente sin necesidad de ser programadores. Muy bonito. Pongamos esa virtud a trabajar y vinculémosla con nuestros profesores, directivos y compañeros.

martes, 6 de enero de 2009

Impertinencia biológica

Hoy vinieron a casa de mi abuela (nunca supe para qué, pero me dio ilusión pensar que para no dejar morir "las comidas de los martes") Mateo, Daniela y la tía Verónica. Debieron ser como las cuatro de la tarde, yo ya había pasado por los alimentos del día, pero me sentí espontáneamente feliz de acompañarlos a la mesa y hacer plática. Mi error como siempre, lo segundo.

Les conté que mi mamá (ignoro cómo) encontró un establo muy cerca de la casa donde un nonno chipileño vende leche como leche y no horchata diluida con hormonas. Si mi anécdota parecía presumible resulta que Daniela, cuyos aires de campo dan para todo, está a punto de comprar una vaca y una pasteurizadora, muy dispuesta a darnos leche a todos. Yo entonces, además de ver fascinada los frijoles refritos que parecían sazonados por el fantasma de mi abuela, me acordé de las metanógenas que tanto han habitado este blog y le sugerí que consiguiera un biodigestor para aprovechar el metano y ahorrarnos un poquito de efecto invernadero. Como es evidente se me pidió una explicación acerca de tales misteriosas criaturas y yo les conté, sin ninguna aduana filtrando mis palabras el proceso digestivo de las vacas, la dificultad de partir la celulosa, la endosimbiosis con microorganismos, el papel del rumen, del estómago y del estiércol en la producción de metano... luego recordé los basueros municipales de no sé qué país nórdico donde hacen biodigestores enormes que alcanzan para abastecer gran parte de la calefacción de invierno de una ciudad. Y así hasta que ya por la ensalada la tía Verónica me pidió les cambiara el tema a noticias menos drámaticas que el cambio climático y más apropiadas para la comida que los 100 litros de metano que eructan una vaca al día. Lástima porque ya me había acordado de los ratones y la coprofagia.

Miré al jardín y me topé con una araucaria que de niña no me doblaba la altura y que ahora libera el paisaje de la invasora civilización de enfrente. Les platiqué que sus conos miden más o menos el tamaño de mi cabeza y que cuando están verdes (luego se deshacen, como los de los oyameles) son peligrosos. Les dije también que vienen de Chile y que sus parientes cercanos están en Australia, vestigio de cuando los continentes no se habían separado. Continué diciendo que el Pinus ayacahuite de al lado sí era mexicano, curioso, por que introdujeron la especie a Chile y ahora es la principal fuente de madera de ese país. No hubo discusión política al respecto (en mi familia que todo lo vuelve tema) y en cambio se acordaron de la Preciosita y de los niños de Paola que no se querían bañar. Tras algunos minutos de anécdotas familiares salió a colación que la que sí necesitaba un baño era Daisy y que ese mismo día había que hablarle a Carolina la veterinaria para ver cuándo podía. Por cierto si la ves -le digo a Daniela- le avisas que Megatona ya está perfecto. Nombre, no era nada grave, metió la cabeza en el río o en algo que sólo puedo imaginar como un cadáver y se le infectaron los ojos.

En este punto, mi primo Mateo que tiene una mezcla inverosímil de las personalidades de sus padres soltó lo que seguro había estado guardando desde que empezamos con lo del estiércol. Que estaba comiendo, o tratando, y que no quería oír ni de los estómagos de las vacas y los bichos y sus desechos ni de los ascos que Megatona hiciera o dejara de hacer. Dí riendo (ya que) alguna escusa estúpida, como que también les había contado de las araucarias, y luego de alguna manera la conversación se fue hacia asuntos de la casa. Ya me andaba despidiendo cuando llegó mi papá con su chamarra de leñador de los Pirineos y noticias que tenía que platicarles.

En mi familia si bien casi todo se vuelve tema de discusión, análisis o sátira, todo se vuelve comentario familiar o chisme. Para las siete de la tarde mi papá ya me había recriminado de cómo les había quitado el apetito en la comida y una hora más tarde mi mamá se reía o me regañaba (nunca entendí) de cómo lograba meter "mis conversaciones de estiércol" a cualquier parte.

Yo por lo pronto admito mi culpa: ningún departamento de mi cabeza mandó un memo sobre censura y mucho menos una alarma. Para mí la tierra no es mugre sino humnus, el estiércol no es... estiércol sino hábitat. Para todos aquellos a los que los inoportuno con mis impertinencias biológicas una disculpa, no es mala intención sino descuido.

=P

lunes, 15 de diciembre de 2008

Sobre la (no) seriedad de las cosas

Queridos escasos lectores, me he dado cuenta de que llevar este blog como quisiera es un poco difícil. Si vieran mi lista de tareas se encontrarían con cuatro "ensayos por escribir" que requieren un nivel de concentración y de tiempo que no logro darme, y como no quiero dejar las cosas a medias entonces los pospongo como uno más de los pendientes en mi corta vida mortal. Ya me cansé un poco del asunto, e imagino que ustedes también de mis quejas y de mi falta de actualizaciones.

Entonces decidí quitarle el cyberpolvo a este blog y aprovechar para quitarle también la seriedad, porque francamente le sobra. Tales cavilaciones me llevaron a pensar que la ciencia, o al menos la manera de hacer ciencia, no es tampoco una cosa seria, contrario a la imagen rígida que la sola mención del método científico suele causar. Es más, aunque en el gremio no faltan los amargados, la mayoría de los científicos que he tenido la oportunidad de conocer o aunque sea de ver pasar por la Facultad de Ciencias, el Instituto de Ecología y las conferencias a las que he asistido son personas.... poco serias. No me refiero a que carezcan de profesionalismo (todo lo contrario) sino a que manejan las cosas con una óptica cálida, como si en la búsqueda de la formalidad de los experimentos fuera necesario burlarse un poco de los formalismos.

Yo creo, habrá quien opine diferente, que esa es la mejor manera de hacer ciencia. Por eso me reí tanto viendo este video (gracias 5inister por pasármelo) y lo consideré no sólo la diversión momentánea de alguien, sino un feliz recordatorio de que al final hay gente en el mundo que es feliz haciéndose experta en temas que sólo otro puñadito de humanidad entiende, que parecen no trascender más allá de porqué brillan las medusas o que parece tan severo, tan académico, tan elevado que la mayoría de la gente escapa antes de darse cuenta de la poca seriedad con la que puede sobrellevarse.





Gould dijo alguna vez (palabras más, palabras menos, no tengo la cita a la mano) que “los paleontólogos son una clase rara de adulto que trabaja en lo que de niño decía querer ser de grande”. Tal vez ahí esté la raíz del asunto.