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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Semillas de ginkgo en el cementerio


Encontré un ginkgo hembra. Así es, un ejemplar de Ginkgo biloba en plena producción de semillas. ¿Dónde? En Ginebra, donde está enterrado Jorge Luis Borges. 



Siempre que camino voy viendo las hojas, las de ginkgo sobresalen mucho: son un abanico inconfundible. 

Hojas de Ginkgo biloba en otoño (Wikipedia)

Por lo general cuando me las encuentro me detengo a buscar el árbol de que cayeron y dejar mis saludos. Los biólogos que lean esto saben de sobra porqué: Gingko biloba es una rareza botánica, la única especie viva entre todo el phylum Ginkgophyta, grupo que ya existía hace 270 millones de años. Lo curioso es que las hojas fósiles se ven iguales que las de los ginkos actuales. Miren esta del Eoceno (foto de Wikipedia):

Hoja fósil de una especie extinta de Ginkgo, de hace unos 55 millones de años (Wikipedia)



Hoy la especie se cultiva en muchas ciudades y jardines botánicos del mundo, pero durante mucho tiempo se creyó extinto.  La historia es bella, pero no me quiero entretener más. A lo que quiero ir es que yo nunca había visto una ginkgo hembra, al menos no una con semillas (por cierto, Gingko biloba es una especie dioica, es decir hay árboles hembra y árboles macho). Sé que hay una en los Viveros de Coyoacán, en la Ciudad de México, pero es raro que se logre reproducir. No me ha tocado verla.


 
¿Porqué mi obsesión por un árbol hembra? Los árboles hembra son los que producen las semillas, que en esta especie están rodeadas de una carnosidad amarilla que las hace parecer un fruto (pero no lo son, los ginkgos son gimnospermas y no producen flores ni frutos). Una carnosidad que apesta. Apesta a ácido butírico. Apesta a vómito. O eso aprendí en la carrera, eso nos contó nuestra maestra de botánica. Y hoy, hoy lo pude comprobar por mi misma.

ácido butírico

Estaba caminando por el Cimetiere des Rois cuando mi mirada pasó de las hojas en el pasto a las ramas de un ginkgo. Grité de la emoción y corrí a verla de cerca, más aún: a olerla. Y sí, es cierto. El olor no se siente en el aire, pero basta sacar las semillas para sentir la peste. Es cierto, no nos mintieron. 


Me cuesta explicar la emoción que me invadió. Dí esos brinquitos que dan los niños y los cachorros cuando están aprendiendo a caminar. Sin más, me bebí de un jalón toda mi botella de agua para guardar algunas semillas. Feliz, muy feliz. 



Luego pensé que si había una hembra con semillas tendría que haber también un macho, y sí, lo encontré a unos cuantos cientos de metros. Tenía muchas más hojas que la hembra:



Para cerrar otra sorpresa de ginko, literatura y cementerios. Buscar la imagen de los fósiles en Wikipedia me llevó a descubrir que Goethe escribió un poema sobre este árbol. Aquí la traducción de su poema al inglés


Gingo Biloba
This leaf from a tree in the East,
Has been given to my garden.
It reveals a certain secret,
Which pleases me and thoughtful people.
Is it a living being,
Which has separated in itself?
Or are these two, who chose
To be recognized as one?
Answering this kind of question,
Haven't I found the proper meaning,
Don't you feel in my songs,
That I'm one and double?

En la entrada de Wikipedia del poema leí también que frente a la tumba de Goethe hay un ginkgo. Otro cementerio, otro gran escritor. Hoy ha sido uno de esos días llenísimos de belleza.

3 comentarios:

bblonder dijo...

Me gusta este árbol tambien - en mi familia, mi abuela (de China) cocinaba un caldo llena de estas semillas. Siempre olía muy mal! :)

Y imagino que te guste este video: http://physics.aps.org/story/v25/st4 (la hoja del gingko abajo)

Ticatla dijo...

¿Y se quitaba el olor después de cocinarlo o así te lo lograbas comer?

Gracias por el link. Gente, no se pierdan los videos (¡y textos!) de: http://physics.aps.org/story/v25/st4

Lino cruz terrones dijo...

Y te imaginé con los brinquitos como un niño.

Yo también quiero ver uno.

Saludos alicia.