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jueves, 25 de noviembre de 2010

Diario de mi colmoyote y yo XII: 100% de humedad pero nieve

Qué ni qué, los días vuelan. Debí finalizar la historia de Paquito, mi colmoyote (Dermatobia hominis) meses atrás. Fue las ganas de encontrar las palabras adecuadas y la foto perfecta las que me entretuvieron. Y ahora ni lo uno ni lo otro, pero finalmente, la última entrada del Diario del colmoyote, mas no de este blog si es que le sigo escribiendo y alguien lo sigue leyendo pasado el auge del morbo parásito.

Por motivos del destino académico y azaroso en estos momentos me encuentro a 52° de latitud Norte, lo que quiere decir que oscurece antes de las 4 pm y que no llegaremos a 10°C en ningún momento del mes. Pero eso sí, la mayor parte del día estamos al borde del 100% de humedad. Justito como en la selva. Los hongos crecen en las paredes y lo corroen todo si es que la tecnología baja la guardia un instante. La madrugada es bruma. Ocultos así, los árboles son sólo una silueta y los pájaros un canto lejano. 100% de humedad como en los aguaceros de la selva pero frío, frío suficiente para que la vegetación sea por completo distinta, para que la biodiversidad toda recuerde a las montañas más altas de México. Y luego la nieve, ayer vi nevar por primera vez en mi vida y lloré como quién descubre el mar. En fin, comento sobre el estado del tiempo para abrir la conversación.

Decía de Paquito. Vivió 10 días (un aplauso a J por revisar) mientras yo irónicamente andaba de nuevo por su lugar de origen. Sus ojos rojos (hermosos) se decoloraron tras su muerte. Su peso seco fue de 0.04473 g que puedo presumir fueron construidos prácticamente en su totalidad gracias al consumo de mi persona.

Vénganos las fotos:









Y por cierto, de esa última ida a la selva me llevé otros dos colmoyotes. Uno de ellos fue particularmente difícil de detectar, estuve segura de que se trataba de tal huésped 20 días después, a unos días de partir a la tierra lejana donde les decía me encuentro. El vuelo a esta latitud es largo y dio tiempo para que me pusiera la cinta (sí, llevo cinta plateada siempre en la mochila), esperara a que se asfixiara y lo extirpara. Lamento no presentarles un video de la extracción, pero la complejidad de la maniobra superó a mi energía y a los escasos recursos del baño del avión. Lo mejor que pude hacer fue grabar al ejemplar después, pues la larva seguía viva:



100% de humedad y nieve, bosques recién plantados cuyos ancestros se refugiaron al sur durante las glaciaciones. 100% de humedad y calor, la selva con sus millones de especies, en una tierra de condiciones estables. El avión que cruza el Atlántico, el océano que separa las masas de tierra que estuvieron unidas. Las cicatrices que Dermatobia hominis dejó en mi piel, discretas marcas de un ciclo de vida parásito, de un organismo que de adulto no se alimenta más pero que cuando larva come de nuestro tejido, recordándonos que nuestras células están hechas de lo mismo que el resto de la fauna, que puede digerirnos, construir nuevas proteínas con nuestros aminoácidos, que somos, al fin y al cabo, parte de esta hermosa consecuencia evolutiva que llamamos biodiversidad.


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Toda la historia del colmoyote:

Diario de mi colmoyote y yo I
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jueves, 23 de septiembre de 2010

Diario de mi colmoyote y yo XI: 100 años de la UNAM, 52 días como pupa y tenemos un colmoyote adulto

El pasado 31 de julio la larva de Dermatobia hominis salió de mi cuerpo, se enterró y comenzó el proceso final de metamorfosis para convertirse en adulto. Hoy 22 de septiembre, a 52-53 días de aquel suceso, emergió el adulto: una mosca.

Con esto se completa el ciclo de vida del proceso que comenzó hace 4 meses cuando la larva de colmoyote entró a mi piel para alimentarse. Cosa que no volverá a hacer en su vida: los adultos no comen más. Su aparato bucal no es funcional y enfocan todos sus "días mosca" a intentar reproducirse.

Dermatobia hominis no es la única especie con un comportamiento así, para no ir más lejos, muchas de las palomillas (mariposas nocturnas), como por ejemplo las de la familia Saturniidae hacen lo mismo.

De vuelta con Paquito, el ejemplar mide alrededor de 1.5 cm. Es color negro azulado, con ojos rojos y apéndices bucales amarillos casi blancos, sus patas son café claro. Aquí una foto que el recipiente y la malla me dejaron tomar, y por supuesto un pequeño video que describe la situación.




¿Qué sigue? Esperar que el ciclo de vida termine y analizarlo bajo el microscopio ¿será macho o hembra?


Total que hoy estamos de fiesta. ¡Salud!

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domingo, 8 de agosto de 2010

Diario de mi colmoyote y yo X: Habemos pupa

Cuando mi colmoyote dejó mi cuerpo a los dos meses y una semana de estar alimentándose de mí, no estaba segura de si se trataba del fin natural del proceso, de un adelanto o una interrupción catastrófica.

Para comprobar si la larva había logrado transformarse en pupa la desenterré a las 24 horas  y luego 3 días después. El resultado: éxito rotundo. Paquito es una pupa. Es decir, pasó de ser un gusano con movimiento que se alimentaba de mi cuerpo, a un cuerpo sésil dentro del cual ocurre la metamorfosis. Sus órganos internos se reabsorberán, se crearán estructuras nuevas, como patas y alas, y el organismo adulto que emerja tendrá la típica estructura de un insecto: abdomen, torax y cabeza.

Me arriesgué a desenterrarla, lo cual esperemos no afecte negativamente la metaformosis, porque tenía que saber si efectivamente había logrado pupar o si el gusano simplemente se estaba pudriendo ahí enterrado.

Sé que es una pupa porque se fue oscureciendo progresivamente, se endureció y no presenta muestras de estar descomponiéndose:


Lo que se ve color negro es la pupa en sí, no es que esté cubierta de tierra. Hoy volví a revisarla y todo parece seguir en orden. Esperemos que ahí dentro la biología del desarrollo esté haciendo lo suyo y tengamos un sano adulto en unas cuentas semanas (de 20 a 60 días, en teoría).

En cuanto a mi cuerpo, la cicatrización de la herida ha sido veloz y sin ninguna infección. La lavé con agua y jabón y la desinfecté con agua oxigenada y mertiolate. Ninguna ciencia, ningún drama para que se cerrara el orificio. A los pocos días ya prácticamente no se nota:


Insisto que el bicho fue higiénico y no causó mayor daño al tejido.

Y ahora, sigue la espera.


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